Un cliente de Pontiac (General Motors) escribió una
carta que decía:
“Esta
es la segunda vez que les escribo y les confirmo que, aunque pueda parecerles
que estoy chalado, tengo un grave problema con mi Pontiac modelo 99, que compré
nuevo hace ya seis meses. Como les
expliqué, en mi familia tenemos la costumbre de tomar helado después de cenar,
y yo voy todos los días a comprarlo. El problema es que siempre que compro
helado de vainilla, cuando quiero volver a casa, el Pontiac 99 no arranca. Si
compro otro sabor, el vehículo funciona correctamente. Pensarán que estoy
completamente loco y, aunque les parezca tonta mi reclamación, estoy
desesperado con mi Pontiac 99”.
La
carta era tan cómica que se la hicieron llegar al Presidente
de GM. Éste se tomó el tema en serio y mandó a un ingeniero a visitar al
cliente. Y este ingeniero acompañó varios días, a diferentes horas, a este
infeliz propietario del Pontiac 99…constatando
que tenía razón!
El problema acabó siendo una obsesión para el
ingeniero, que lo anotaba todo. Al cabo de dos semanas, comenzó a captar el
problema. Al escoger el sabor vainilla, el comprador era servido rápidamente
porque este helado estaba en primer lugar del mostrador. Examinando el motor
del coche los vapores del combustible no se habían disipado todavía e impedían
el arranque…
Tras esta constatación, Pontiac cambió el sistema de
alimentación y llamó a revisión a todos los vehículos de la serie 99.
Al cliente se le premió con un coche nuevo, además de
la reparación del anterior.
La GM hizo una nota interna para que sus empleados tomasen en consideración hasta las quejas
más extrañas, “porque una gran innovación puede encontrarse gracias a un helado
de vainilla” …
Esperemos
que el Alpine de Fernando Alonso pueda encontrar su Plan gracias a un helado de
vainilla.
Mark de Zabaleta